Marzo 28, 2012 | En: 1. QUIERO SABER, 1.4 Formatos, 4. ARTÍCULOS DE OPINIÓN / ENTREVISTAS
El PDF es un callejón sin salida para la edición digital – Manuel Algaba Cortés
En un reciente artículo de Ben Vanderberg para la consultora de contenido DPCI, éste enumeraba los motivos por los que el PDF no era una solución para la editoría digital. Partiendo del más evidente, que la finalidad inicial del PDF era la de mostrar una página para su posterior impresión, con independencia de hardware o software usado, manteniendo el mismo tamaño de página y la misma estructura que hemos visto en la pantalla. Con el desarrollo del aumento de ancho de banda de internet creció también la popularidad de este tipo de archivo que empezó además a admitir hipervínculos y contenido multimedia y pasó a ser un standard abierto en 2008. No es extraño por tanto que los PDF hayan sido además el formato preferido para revistas o textos complejos, por ejemplo técnicos o académicos, donde es necesario mantener una estructura fija de texto y contenidos.
Aunque no está nada claro que el libro electrónico llegue a sustituir totalmente a su versión en papel a medio plazo, lo que sí parece seguro es que además de los ordenadores, cada vez son más los dispositivos capaces de mostrar ebooks, desde los lectores dedicados de tinta electrónica a las tabletas, donde la lectura es únicamente una posibilidad más, incluso los smartphones que tienen a disposición una creciente oferta de aplicaciones que soportan los formatos más comunes de libro electrónico. En este panorama está precisamente la dificultad más grande del PDF: Adaptarse a un rango casi infinito de tamaños de pantalla. Si la mayor parte de estos dispositivos ofrecen por el momento la posibilidad de visualizar un PDF es más por retrocompatibilidad, o retrofitting en inglés, que por idoneidad.
Otro aspecto a tener en cuenta es que la lógica que sigue el diseño de una página en papel, desde el tamaño de la fuente y la distribución de imágenes y texto, obedece normalmente a razones económicas y de producción que poco o nada afectarían a la versión electrónica, donde más páginas no significa necesariamente mayor coste. Precisamente uno de los puntos fuertes de los libros electrónicos es la posibilidad de adaptar el contenido a cualquier pantalla y de ofrecer al lector un mínimo de opciones de tipo y tamaño de fuente para acomodar ésta a los gustos particulares de lectura de cada uno.
Tampoco está del todo claro que la posibilidad que ofrece un PDF de insertar elementos interactivos, sea tan atractiva como por el momento parece, ya que algunos de estos elementos dejarán de tener soporte en el futuro o no son compatibles con todos los dispositivos, el caso más conocido, no por ello el único, es el de flash e iOS de iPhone e iPad. La viabilidad futura de este tipo de contenido en nuevos dispositivos portátiles resulta como poco incierta.
Igualmente no parece una buena idea para un autor o una editorial exportar en PDF ni un título ya existente ni con más razón una novedad si tenemos en cuenta que las posibilidades de adaptarlo a un nuevo formato en el futuro son mínimas. A diferencia de la última versión de los dos formatos más populares de libro electrónico, EPUB3 y KF8 (kindle) basados en HTML y por tanto con más posibilidades tanto de adaptarse a una variedad de soportes presentes y futuros, como de integrar posibilidades multimedia.
Aunque no está tratado en el artículo original, también hay que tener en cuenta el punto de vista del lector, difícilmente alguien acostumbrado a leer en papel tendrá en cuenta el formato digital si para leer un PDF tiene que estar constantemente reajustando la página para adaptarla a la pantalla del eReader, de la tableta o del smartphone. Eso sin decir que no es raro que lo que pasa por un libro electrónico es un PDF de un documento de texto o incluso de una página escaneada. La experiencia de lectura en cualquier caso es muy inferior a la ofrecida por un libro electrónico formateado profesionalmente. Personalmente me cuesta creer que haya mucha gente capaz de leer un libro de una longitud considerable, pongamos por caso el bestseller de 500 páginas de turno, en formato PDF en un iPad, mucho menos en la pantalla de un smartphone. La solución no pasa únicamente por hacer pantallas más grandes.
Mi conclusión es que el formato electrónico no tiene que imitar, como hace el PDF, una página en papel, tampoco tiene que ser percibido únicamente como una alternativa de menor calidad y por tanto más económica que un libro.
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Manuel Algaba Cortés
http://riosdetintaelectronica.blogspot.com/
twitter: @riosdetintae



El proyecto “ iBiblio. Creación de una plataforma tecnológica para la gestión del préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas” con Nº de referencia TSI-090100-2011-130 ha sido Cofinanciado por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, dentro del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 2008-2011.
Mantener una estructura fija de disposición de contenidos en un determinado formato es precisamente la mayor ventaja de lo impreso. Son muchos siglos de evolución e investigación en legibilidad y lecturabilidad que han ido fijando ciertos criterios (y en ello seguimos). Encontrar esa forma óptima es precisamente la labor del editor, que ha de definirla conforme, además, a los costes industriales y de comercialización que pueda soportar. En este artículo parece considerarse lo “normal” publicar sólo con ajuste a criterios económicos. Esto podrá ser común (es lo que se ven obligados a hacer lo grandes grupos editoriales para mantener sus obsoletas estructuras empresariales, dirigidas por especialistas financieros, no culturales), pero en ningún caso es normal: no constituye en ningún caso la norma deseable, y quien así opera constituye un ejemplo de editor espurio.
Si el libro digital aún está por nacer es, precisamente, por su falta de normativa, de fijación óptimizada de sus contenidos. Lo que desde las grandes empresas de hardware y comunicación (son las mismas) nos intentan vender como una de las grandes ventajas de los libros-e, la posibilidad de manipular sus formatos, es, en realidad, un gran inconveniente para el lector, que se encuentra con un libro sin hacer, pero al que se le dice que es libre para adaptarlo a criterios que no conoce ni tiene por qué estudiar para poder disfrutar de la lectura.
Si llamáis “editores” a los jetas que apenas trabajan la digitalización de contenidos, flaco favor hacéis al futuro de los soportes de lectura.
Que el libro-e actualmente no es más que una chapuza impresentable para la edición de contenidos literarios de cualquier género lo sabe cualquiera que conozca su proceso de producción y el de producción de lo impreso (que no se aprende en un par de días, como ocurre con los electrónicos) y pueda compara los esfuerzos que conlleva uno y otro. La diferencia está en la calidad del producto que se obtiene.
Un saludo.
Estimado pincho, muchas gracias por su comentario. Estoy de acuerdo con usted en que el papel ofrece muchas ventajas que hará que , además de la estructura fija que menciona, necesaria por ejemplo para una edición crítica, a mí la más interesante me parece la accesibilidad en el tiempo: Podemos coger un libro de 500 años de una estantería y ponernos inmediatamente a leerlo, no necesitamos más dispositivos… Como mucho un diccionario. Por el momento ningún soporte o formato informático han demostrado esa longevidad.
Por lo poco que he podido ver, y como comento en el artículo, las dos nuevas versiones de EPUB y de KF8 intentan solventar problemas de contenido y formato de página, seguramente hará falta más tiempo y un acuerdo difícil entre muchas partes para llegar a un resultado óptimo.
También estoy de acuerdo con usted en la importancia de un editor, como la de un corrector o un maquetista o caeremos en el peligro de asociar libro electrónico a sustituto de baja calidad de un libro en papel. En cualquier caso el libro electrónico ofrece ventajas frente al libro en papel y frente al pdf, que era el tema de mi artículo.
Los dos únicos editores de libros electrónicos que conozco personalmente comenzaron con el papel hace ya años y trabajan para una editorial que apuesta muy fuerte por nuevas tecnologías, a mí personalmente me parecen un par de profesionales que no han aprendido su trabajo en un par de días. Espero que esté de acuerdo conmigo en que chapuzas también se hacen y se han hecho en papel.
Un saludo.
Tenéis que comprender que la mayor parte de los PDF de libros que se encuentran en libre descarga y no en formato oficial para kindle (uno de los lectores digitales más famosos, aunque aquí en Londres es fácil ver genéricos) suelen ser creados por aficionados ¡Imaginad cuanto trabajo! escanear página por página y después corregir todas las letras que no han sido detectadas bien.
Los formatos oficiales son perfectos al ampliarse de forma correcta, aunque también hay que saber que aquí en UK la gente compra libros electrónicos, porque cuestan 3€ o menos (algunos llegan a 6, best sellers las primeras semanas), no 9€ o más con una diferencia de 1 a 3€ frente a la edición de bolsillo (aquí los clásicos los compras por 2 libras en papel) y si les preguntas todos te dicen que prefieren pagar al autor, pero claro, no 9€.